Libros y nostalgias

no creáis que por muchos retos de bordado, de crochet o intercambios navideños que podéis consultar en anteriores post, me he olvidado del reto de lectura.

Asi es como voy

tengo sin terminar el de Stephen King y el de Clara Sánchez, que espero terminar esta noche. Y anoche empecé el de Las Hormigas, que me está enganchando el adentrarme en ese mundo paralelo al nuestro, tan cercano, y tan desconocido como es el de estos insectos.

Hay autores que nos resultan difíciles de leer en determinado que momentos. Me sucedió hace un montón de años con Umberto Eco. La primera vez que leí el Nombre de la Rosa me atasqué en la segunda página, y durante casi un mes no pude salir de ahí, comenzaba y ahí me detenía incapaz de seguir ni un párrafo más. Sin embargo, como siempre le doy una segunda oportunidad a los libros, lo empecé de nuevo y esa vez me lo leí de un tirón, saboreando cada una de las páginas como si de un veneno se tratara y tuviera que llegar al final para conseguir el antídoto que me salvara. Me gustó tanto que me lo leí otras cuatro veces en años posteriores.

 Tengo un problema, que a veces resulta práctico en determinadas situaciones, y es que tengo una memoria pésima.
Así que, no recuerdo los finales de los libros y puedo volver a leer novelas de intriga y misterio como Agatha Christie sin que recuerde quien es el asesino hasta que llego al final. Y me gustaba hacerlo, releer la historia, porque la segunda vez uno se fija en detalles que antes nos habían pasado desapercibidos, y que ahora, en la segunda lectura, vemos que estaban ahí, claramente a la vista, y que no supimos verlo.
Hace tiempo que no releo un libro, desde que hace 6 años me pasé al digital  se me acumulan los que deseo leer.
Antes debido a mi trabajo estaba todo el día con el ordenador, asique solo leía cuando me iba de vacaciones.
Noah Gordon,  Amin Malouf,  Ken Follet, Dan Brown, Chitra Banerjee,  Shohana Dé, Anita Desai, Clive Cussley, Manju Kapur, Indu Sundaresan, Anita Nair, Nikita Lalwani,  y cientos de autores pasaban por mi bolso de playa.
Cuando iba de vacaciones (hace ya 5 años que no voy a ningún lado) , aquel era el único momento en el que no estaba todo el día con un ordenador, y como estaba sola todo el tiempo, pasaba todo mi día desde que me levantaba hasta que me acostaba pegada a los libros. Me los llevaba a la playa, me los llevaba a la piscina, me los llevaba a la cama… y aprovechaba para ponerme al día. De aquella tenia la suerte de que en la casa de mi tía tenían muchísimos libros y trataba de fundirmelos en el menor tiempo posible, sabiendo que pasaría un año o más hasta mi regreso.
Lo de tener mala memoria es curioso, más cuando en la niñez una tenía memoria fotográfica y era capaz de recordar hasta los mínimos detalles de un libro, cualquier línea escondida en una bibliografía. Recuerdo que cuando me ponían los exámenes, simplemente veía en mi mente la hoja del libro, con sus márgenes, sus párrafos, imágenes, puntos y comas… y me limitaba a copiar en el papel como respuesta lo que veía claramente en mi mente.
Esto siempre traía la desconfianza de profesores, que no entendían como se puede responder con puntos y comas y entonces venía la humillación de demostrar que el tener todas las respuestas correctas no había sido fruto de la trampa o el azar. Asi que me sacaban a la pizarra ¡horror¡, y me hacía las preguntas de forma oral. El estar delante de toda aquella clase hacía que me olvidara hasta de mi nombre, pero aún así si querían las respuestas, pues allí se las daba.
Al final, después de 4 o 5 veces ya se aburrieron de la demostración pública, y me dejaron en paz… ¡qué tiempos aquellos¡
Recuerdo que el día que se murió Franco nos dieron el día libre y mis padres compraron nuestro primer televisor en blanco y negro para ver el evento. La pusieron en la galería de la casa de adobe de 2 plantas donde vivíamos. Al día siguiente, cuando no había nadie en la casa, yo ya le había quitado la parte trasera e investigado entre todas aquellas válvulas y cables, les había sintonizado los canales y vuelto a colocar la tapa cuando había oído subir a gente las escaleras. La tarde siguiente vino el técnico a ponernos la primera y la segunda cadena, y ¡oh, que extraño!, ya está sintonizado, que curioso… Mi madre me echó una mirada asesina y yo corrí a esconderme en mi habitación enfrascada en un libro de Los Cinco que había sacado del bibliobus, mientras oía la sintonía de Los Hombres de Harrelson .
Yo ya había visto la televisión en alguna otra ocasión, claro. Mis abuelos tenían una, que mi abuelo era más pudiente que mis padres, y cuando iba a verles aprovechaba para verla, lo que no ocurría muy a menudo. Claro que ninguno de mis vecinos la tenía, asi que de pronto me convertí en muy popular entre los niños del barrio, que de pronto invadían mi casa después de la siesta para ver la tele conmigo.
Volví a abrir el televisor un par de veces. No se que pensaba encontrar allí, simplemente me quedaba mirando todo aquello esperando ver salir a algún duende desde algún ángulo escondido. Los televisores viejos en blanco y negro tienen la particularidad de que si funciona algo mal, se ve un poco de nieve, o hay interferencias… los abrías y al cerrarlos todo funcionaba de maravilla… igual que Windows, salir y volver a entrar suele arreglar todos los problemas.
No pasa lo mismo con los relojes. El pobre reloj de bolsillo de mi abuelo sufrió una de mis incursiones en sus tripas, y ¡no me lo puedo creer¡ me sobraron 3 piezas después de volver a armarlo. Nunca volvió a ser el mismo. Escondí el fruto de mi pecado en el fondo de un cajón, y mi padre nunca supo que su legado había sido profanado por mis manos, menos mal.
Porque de aquella los castigos corporales no eran políticamente incorrectos, y muchas veces tuve que sentir en mi culo la zapatilla de mi madre mientras corría por todo el barrio intentando huir y esconderme en los márgenes de la reguera esperando que pasara el temporal. Luego regresaba a casa llena de barro, hierbajos y muerta de hambre y mi padre se reía y me cogía en volandas y me daba vueltas y vueltas en el hall de nuestra antigua casa de adobe sin agua corriente mientras yo gritaba riendo y llorando por el mareo.
Los baños eran también un momento de lujo en la casa. No había agua corriente, ni cuarto de baño. Asi que por la noche mi madre sacaba agua de un pequeño depósito que tenía en un lateral la cocina de carbón, y mientras estábamos metidas en un barreño nos echaba el agua caliente por encima a modo de ducha improvisada.
en verano era mejor, mientras estábamos en el colegio mi madre ponía agua en una especie de lavadero que había al lado del pozo, que usábamos para lavar la ropa. El sol calentaba el agua y por las tardes era como una mini-piscina improvisada donde pasábamos las horas de calor.
Cuantas tardes en la cocina tejiendo con mi madre mientras escuchábamos la radionovela en el transistor de válvulas, cuantas noches iluminados por las velas porque la precaria instalación eléctrica había vuelto a fallar…
Ya nada es lo mismo. Todo ha sido urbanizado, calles, aceras, casas… antes todo eran prados que se extendían durante kilómetros, con sus juncos, sus charcas llenas de renacuajos, … recuerdo como hacíamos albóndigas de barro en los márgenes de la presa, comiamos la parte blanca de la flor de los tréboles fingiendo que era un manjar, intentábamos cazar ranas con unos palitos, de los que colgaba un hilo y en su borde una margarita ensartada, como me caía una y otra vez de la bici cada vez que iba a cruzar la reguera por un estrecho palo colocado a modo de puente y acababa con la ropa llena de agua y líquenes pegajosos de un color verde moco.
El problema era que durante toda mi niñez no veía nada. Estaba cegata completamente, asi que cuando iba a cruzar el puente, la imagen de pronto se desdoblaba y yo veía dos delante de mí, e intentaba saber cual era el real y cuál era el que había provocado el entrecerrar los ojos, ¡siempre fallaba¡
Cuando por fín a los 12 años me pusieron las gafas ¡oh maravilla¡ la gente tenía cara… me quedé impresionada. Me había pasado todos aquellos años de mi vida viendo una masa blanquecina terminada en una mancha de color debajo. Me aprendía la ropa de la gente, por el color que veía, y así los identificaba al verlos de lejos. Pero aquello… ver sus ropas, pantalones, sus ojos, bocas…. ¡era maravilloso¡
Fue entonces cuando pasé de ser en el colegio “culo gordo” a “cuatro ojos”. Los niños pueden ser muy crueles.
Hoy en día los niños eligen la ropa que se ponen. Mi sobrina ya cuando tenía 5 años iba al cole con la ropa que ella misma elegía cada mañana, y siempre pensando “en el que dirán”, mamá que se van a burlar de mí los demás niños si voy con eso, que no soy una muñeca, ¡que ya tengo 5 años!, evidentemente, hay que cuidar la reputación, sino uno se convierte en el paria de la clase, y ahí ya abandonada y siendo el chivo expiatorio y el blanco de todas las burlas hasta los 40
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7 pensamientos en “Libros y nostalgias

  1. Increible lo que nos cuentas!. Me da la impresión que no has sido consciente de que escribías mientras recordabas.
    La niñez… ¡que tiempo tan feliz!. O no. Pero generalmente suele ser lo primero, por que el mundo o la vida se encargan luego de cambiar lo malo en bueno, y así casi siempre la niñez es lo mejor que hemos vivido.
    Gracias por compartirlo.
    Un besín.

  2. Que bellos recuerdos de tu infancia, gracias por compartirlos! Me tiene impresionada la cantidad de libros que has leído, te felicito quisiera ser un poco como tu!!
    Buenas noches !

  3. Mi querida amiga… yo soy de memoria pésima como le dices tú… ja, ja…
    Pero es sumamente rico, porque solemos disfrutar una y otra vez cada historia!

    Me ha encantado leer este post.

    Hey que acabo de colocar lo de mis lecturas en el blog, ahí voy…

    Un gran abrazo!!!

  4. Najma… Gracias por compartir tus recuerdos y quiero felicitarte por tu narración! Me has transportado a tu infancia… y tambien a la mia con eso de la curiosidad y el andar desarmando cosas… Escribe siempre amiga! Un saludo desde Perú!

  5. Najma:
    Creo que debemos ser de la misma edad,porque mis recuerdos también tienen campos ,cocinillas de leña,aquí no tenemos carbón como vosotros por allí, los libros de Enid Blyton,…. Muchas gracias por compartirlos con nosotras.
    Me alegro de que te haya gustado mi fofucha.
    Un abrazo grande desde Zaragoza en fiestas

  6. Hola, NAJMA. Me ha encantado leer este post. A mí tb me ha llevado a mi infancia y juventud, con las cocinicas de barro, los libros de Enid Blyton, de Agatha Cristhie, los juegos en la calle, la curiosidad por destripar las cosas (yo hice igual con la radio de mi padre, ejejejeje).
    Besososoososos y no dejes de escribir post como este ya que me identifico muuuuucho contigo.

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